El fallecimiento de un bebé, la muerte del feto durante el embarazo, en el parto o pocos días después del nacimiento. Algo que constituye un tema delicado, condicionado por numerosos factores y que trataremos en esta entrada. Esta pérdida puede desencadenar reacciones de duelo en los progenitores y situaciones de difícil manejo para los profesionales sanitarios. Son duelos que reciben escasa consideración y que pueden complicarse dando lugar a trastornos psiquiátricos.

Tipos de pérdida perinatal

Aborto espontáneo

Se define como la terminación natural del embarazo antes de que el feto sea viable. Se estima que entre el 15 y el 25% de los embarazos terminan en aborto, la mayoría de los casos antes de las 12 semanas de gestación. Aunque no siempre resulta traumática, la pérdida puede acompañarse de fenómenos de duelo, de intensidad y duración relacionada con la edad gestacional. El final del embarazo por aborto es una pérdida no reconocida social ni sanitariamente. Si no hay vida, tampoco hay muerte, ni duelo.

Aborto voluntario

Terminar un embarazo por voluntad propia también puede desencadenar una reacción de duelo. Si en abortos espontáneos parece haber una conspiración de silencio en su entorno social, en el aborto voluntario, el secretismo es aún mayor. Es una de las cuestiones que abordamos en esta entrada sobre el fallecimiento de un bebé.

Interrupción voluntaria de embarazo por problemas del feto o amenaza para la salud materna

Gran parte de estas pérdidas se produce cuando los padres saben que el feto porta alguna malformación o enfermedad. Las mujeres que toman la decisión de abortar se ven abrumadas por sentimientos de culpa y vergüenza, no sólo por haber gestado un feto defectuoso, sino por haber decidido su muerte.

Surgen una serie de paradojas, como que la mujer vea al mismo tiempo la terminación del embarazo como un acto de amor y/o como un asesinato, sienta que ha perdido la oportunidad de ser madre y/o no se vea capaz de serlo de “ese” hijo, quiera ser absuelta por su decisión y/o sienta que no hay absolución humana suficiente o, finalmente, agradezca que la tecnología haya permitido conocer la realidad al tiempo que está resentida porque esa tecnología ha forzado una decisión trascendente para ella y para la vida de su propio hijo en gestación. No es infrecuente camuflar esta pérdida voluntaria del embarazo como un aborto espontáneo.

La pérdida por feto muerto intraútero, intraparto (mortinato)

La muerte fetal, ya sea intraútero o en el parto desencadena, según Stroebe y Schut , varias pérdidas que funcionan como estresores. La principal es el bebé ansiado, pero hay otras pérdidas colaterales importantes:

  • El momento de convertirse en padre o madre.
  • El rol de padre o madre si es el primer hijo.
  • La composición familiar como se imaginaba.
  • El reconocimiento de ese hijo en la mente de los demás pese al tiempo transcurrido.
  • La confianza en la seguridad de otros hijos.
  • La inocencia respecto al embarazo y parto.
  • Los amigos o familiares que no estuvieron a la altura y negaron la relevancia de la pérdida.
  • El derecho a mencionar ese hijo en ciertos lugares.
  • El contacto y la posibilidad de crear recuerdos.

Pérdida en embarazos múltiples

La mortalidad perinatal en embarazos múltiples es 7- 8 veces superior a la del embarazo único. Las expectativas de los progenitores y el interés de los allegados convierten a esta gestación en especial. Por este motivo, cuando uno o más fetos fallecen, la pareja no sólo pierde un bebé, sino un gemelo. Si la madre debe continuar el embarazo con un feto vivo y otro muerto, necesitará todo el apoyo y comprensión del personal sanitario.

El momento del parto será temible y debería darse a los progenitores la oportunidad de tomar en brazos a los dos bebés, si lo desean, sin verse forzados a hacerlo y previa descripción del estado del bebé muerto. Divididos entre la pena por el bebé perdido o moribundo y la alegría por el superviviente, que se convierte en el recuerdo interminable de lo que podría haber sido el otro (bautizo, cumpleaños, el primer diente), sentirán siempre añoranza por el gemelo al que no tuvieron la oportunidad de conocer y a quien no verán crecer.

La pérdida del neonato

Según Pallás y de la Cruz , “actualmente se tienen expectativas muy altas
con respecto a las unidades de cuidados intensivos, se tiende a pensar que todos los niños pueden salir adelante. La realidad, sin embargo, es bien diferente”. Algunos problemas graves del bebé, que comprometen su supervivencia, se anticipan durante el embarazo y no resultan sorpresivos para los padres ni el equipo. Otros, sin embargo, aparecen inesperadamente durante el parto o en las primeras horas o días de vida del neonato. En ambos casos los progenitores y los profesionales se enfrentan a una situación que podría considerarse de duelo anticipatorio dada la gravedad y riesgo de muerte del bebé.

Por un lado elaboran la pérdida del bebé sano fantaseado y, por otro, anticipan la posible pérdida por muerte del bebé real. Se debaten entre el apego al bebé enfermo y el temor a que no logre sobrevivir. Esta ambivalencia puede manifestarse por la distancia emocional e incluso física del bebé o por una constante presencia y alerta por todo lo que sucede con su hijo. Su vida cotidiana está condicionada por las visitas hospitalarias y la evolución del estado del niño. La situación puede llegar al punto de desear que el bebé muera y así acabar con el sufrimiento de todos, aunque ese pensamiento conlleva un intenso sentimiento de culpa.

CONSEJO FINAL

Los grupos de apoyo ejercen una labor muy importante y ayudan a paliar el dolor y sentirse comprendidos.
O puedes visitar este enlace.

¿Necesitas ayuda?

Si has sufrido el fallecimiento de un bebé hace poco y buscas la ayuda de un profesional, puedes contactar con nosotros y estaremos encantados/as de atenderte.

De todo sacamos algo positivo

Es cierto que a veces ocurren circunstancias muy desagradables, y el fallecimiento de un bebé es una de ellas, pero la vida continúa y estás rodeado/a de gente que te quiere. La vida es un camino de aprendizaje y tu actitud para afrontarla es lo que te diferencia y la que te acerca al bienestar emocional.

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