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Fuensanta Rodríguez Muñoz. Psicóloga de ISEP Clínic Córdoba.

Hoy, día invernal como el que más, os escribo acerca de las trampas de la mente, el mayor de los sin sabores del ser humano. Cómo identificarlas y gestionarlas es fundamental para que el bienestar emocional vuelva a ti. Para ello, os propongo un ejemplo y con ello, poder identificar estas trampas que la mente genera.

La historia de Alicia

Alicia se despierta por la mañana sintiéndose nerviosa. El corazón le late aceleradamente y tiene un nudo en el estómago. Sabe por qué; esa tarde tiene que dirigir una reunión de personal de una hora.

Está acostada en la cama dándole vueltas a la reunión. “¿Y si lo hago todo mal? Siempre me pongo tan nerviosa… ¿Y si me tiembla la voz? Se darán cuenta. Sabrán lo insegura que soy, y pensarán que soy una incompetente. Va a ser un desastre. Quizá debería llamar diciendo que estoy enferma. Jamás llegaré a ninguna parte si no soy capaz de manejar este tipo de cosas.”

Después de darle vueltas a estos a estos pensamientos, Alicia se levanta de la cama para ir al trabajo. Se pasa toda la mañana revisando el orden del día y examinando sus notas, a pesar de haber preparado a fondo la reunión el día anterior.

Entra en la sale de reuniones y durante cuarenta y cinco minutos desarrolla los puntos del orden del día. Tiene la boca seca, pero no le tiembla la voz. No aparta los ojos de sus notas, levantando la mirada sólo cuando es estrictamente necesario. Entonces ve a alguien bostezando. “La gente se está aburriendo”. ”Estoy metiendo la pata. Debería parar antes de que la cosa empeore”, piensa. Cada vez, Alicia está más envuelta en las trampas de la mente, y probablemente bajo el estado emocional del momento le haga tomar acciones precipitadas.

Durante un instante. Se siente aliviada porque la reunión haya acabado, pero entonces las preocupaciones entran a hurtadillas en su cabeza. “¿Cómo le explicaré a mi jefe que no desarrollé todos los puntos del día?”……

¿Qué salió mal? El miedo de Alicia a hablar en público y su comprensible deseo de sentirse menos angustiada le hicieron caer en varias trampas psicológicas: estos es, patrones de pensamientos, sentimientos y reacciones que parecen razonables, aparentemente a corto plazo, pero que con el tiempo lo único que hacen es empeorar los problemas.

¿Cuáles son las trampas de la mente que vivió Alicia?

  • Rumiación

La excesiva preocupación de Alicia por la reunión la llevó a darle vueltas al asunto y a cavilar sobre ellas de manera inútil. La rumiación difiere del pensamiento constructivo en que no resuelve ningún problema, los empeora.

  • Evitación

Alicia utilizó una forma sutil de evitación al mantener la mirada en sus notas la mayor parte del tiempo. Pero esto resultó contraproducente: no vio cuando las personas parecían sinceramente interesadas. Y cuando por casualidad pilló a alguien bostezando y mirando la hora, automáticamente supuso que todos habían estado haciendo lo mismo desde el principio.

  • Conducta inducida por las emociones

Suele ser impulsiva y temeraria. Para escapar de los sentimientos incómodos actuamos sin considerar las consecuencias a largo plazo. Cuando Alicia se dio cuenta de que alguien parecía aburrido, se sintió tan angustiada y desanimada que dio por terminada la reunión. Durante un instante se sintió aliviada. Pero pronto se arrepintió y empezó a preocuparse por las consecuencias.

  • Autocrítica

La crítica es útil cuando es constructiva, pero Alicia se juzgó de una manera vaga e irracional. Debilitó su energía y su motivación y le impidió desarrollar sus habilidades. Es fundamental tratarse bien.

Ante todo, es fundamental para afrontar situaciones incómodas o sufridoras aprender a tomar consciencia de las señales que nuestro cuerpo nos da y tratarnos a modo de información, siempre de modo justo, comprensivo y amable. La mente va juzgar la situación, debido a todo el bajage recorrido y que sin darnos cuenta hemos creado. Yo la llamo «zona del sufrimiento». Igualmente, si crees que llevas mucho tiempo lidiando con esas sensaciones y la mente se está volviendo más persistente, y quieres mejorarlo, no dudes en consultar con un profesional.  Así evitaremos agrandar la «zona del sufrimiento».

¡Feliz semana!

 

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